Kazuo Inamori: el empresario budista detrás del corazón de sus empleados

A los 27 años fundó Kyocera Corporation, una compañía de cerámicas que se convirtió en un conglomerado multinacional de alta tecnología. La historia del japonés que, a través de su enseñanza, fortaleció a sus trabajadores.

Kazuo Inamori: el empresario budista detrás del corazón de sus empleados

Kazuo Inamori nació en 1932 en Kagoshima, Japón. Criado en la última rebelión de samuráis en su país, es el segundo de una familia de siete hijos. Con la exigencia caracterizada de la cultura japonesa, se graduó de la Universidad de Kagoshima en 1955. Sin darle un freno y considerándolo importante para su vida futura y profesional, continuó sus estudios constantemente hasta recibir doctorados de honor en varias universidades en los Estados Unidos, el Reino Unido y Japón.

Luego de haberse formado, en 1959, a la edad de 27, creó lo que sería en un futuro una de las empresas más importantes de tecnologías de Japón: Kyocera Corporation. Su compañía, que en un principio manufacturaba dispositivos cerámicos y de impresión, así como también una amplia gama de productos para procesamiento de imágenes, hoy es un conglomerado multinacional de alta tecnología que incorpora más de 184 empresas, emplea a más de 30.000 personas y suministra una amplia variedad de productos desde teléfonos celulares hasta cámaras.

El desarrollo y el crecimiento de Kyocera Corporation no se dio por casualidad. Proyectó una novedad en el mundo del mercado creando una empresa productora de cerámica utilizable en tecnologías de punta. Enfocado en explotar una tendencia y haciendo protagonista a la cerámica en la tecnología contemporánea, se expandió rápidamente por proveer placas que recubren las cápsulas espaciales, que protegen a las tripulaciones de morir carbonizadas cuando regresan a la Tierra. Más adelante, ya por 1984, fundó la DDI Corporation, que actualmente se llama KDDI y es la segunda red de telecomunicaciones de Japón. Pero su vida no es puramente profesional y empresarial. En 1997, se ordenó como monje budista zen, eligiendo el nombre de Daiwa, que significa “gran armonía”. Su elección espiritual fue clave para llevar adelante a sus empresas y potenciar la acción del corazón de sus empleados.

Su filosofía

No solo su capacidad e inteligente política de Investigación y desarrollo convirtió a su empresa en un referente mundial en cerámica. Su mirada frente a sus empleados, valorándolos y potenciando su pasión, fueron claves para que su compañía creciera. "Para tener éxito en algo debemos desearlo de una forma tan intensa que alcance e impregne nuestro subconsciente", decía y repetía el empresario budista que supo compartir y contagiar su filosofía para explotar y sacar lo mejor de sus trabajadores. Basado en lo que él mismo denominó “Triple Sinergia Grupal”, transmitió tres fuentes que si un grupo humano lleva adelante empieza a vivir una verdadera transformación: la fuerza de voluntad, la acción del corazón y el sincero deseo de servir al mundo.

Kazuo Inamori, no solo es un claro ejemplo de perseverancia, sino que también conlleva en sí una visión de futuro acompañada por un sentido de conducción original que apega las enseñanzas del budismo. El escritor de varios libros, como A Passion for Success¸ dirigió su vida como gerente bajo el lema “hacer lo que nadie ha hecho antes”, lo que le permitió enseñar un mensaje inédito en el mundo empresarial. Hizo posible que la espiritualidad y los negocios puedan ir de la mano y se compaginen armoniosamente en el trabajador, permitiendo sobre todo lograr un equilibrio de lo espiritual y lo físico y demuestren que la comprensión de la sabiduría del Universo, es la clave para triunfar en la vida tanto personal como profesional.

Enseñar y premiar

El empresario japonés no solo se dedicaba a dar el ejemplo a los empleados de su propia empresa. Quiso que todo Japón y alrededor del mundo supiera de su filosofía. Para eso creó las llamadas Seiwa Juku, que son escuelas para empresarios nacidos después de 1940 y que conducen compañías pequeñas o medianas. Es ahí en esos centros educativos donde los dirigentes aprovechan el Know-how de Kazuo Inamori para enriquecerse no solo como empresarios sino también como personas. Además de todo esto, Inamori reconoce el trabajo de muchas personas que, por una cuestión u otra, no tienen reconocimiento, creando los Premios Kyoto, para galardonar los logros del ser humano en las áreas de tecnología avanzada, ciencias básicas y artes y filosofía, siempre en mira a la creencia de que el ser humano debe trabajar por el bien común de la humanidad.

Las seis frases más rescatadas: 

  1. "Para tener éxito en algo debemos desearlo de una forma tan intensa que alcance e impregne nuestro subconsciente"
  2. “No necesitan aislarse del mundo para hallar la iluminación, encuéntrenla en su trabajo. Dejen que su diligencia cultive su carácter y los ayude a obtener una vida maravillosa. Los aspectos financieros del trabajo son muy pocos si los comparamos con la capacidad real que este tiene de aumentar el valor de su alma”
  3. “La humildad constituye un beneficio”.
  4. “Trabajen duro, nunca olviden la gratitud, piensen buenos pensamientos, hagan buenas acciones, contrólense con un honesto arrepentimiento, perfecciónense en sus actividades diarias y desarrollen su carácter. Y cuanto más diligentemente realicen estas simples tareas durante su esfuerzo diario, encontraran el significado de la vida y nunca hallaran un camino más glorioso o noble para guiarse en la misma"
  5. “Respeta lo divino y ama a la gente”
  6. “Los dirigentes empresarios deben tratar de hacer felices a todos sus empleados, tanto material como intelectualmente”

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