Internet de las Cosas, una aproximación

Hoy, y cada vez más en el futuro, los artefactos hogareños, autos y hasta accesorios de moda, estarán conectados a Internet. El fenómeno abre nuevas fronteras, pero también presenta riesgos.

Internet de las Cosas, una aproximación

Por Carlos Horowicz, CEO & Co-Fundador de Planisys

“Cosa”: sustantivo común que se utiliza principalmente para referirse a los objetos. Cosas de la vida cotidiana que la tecnología rápidamente convierte en sofisticadas. Se espera que para el 2020, 38 millones de objetos estén conectados a Internet.

Philip N. Howard acaba de publicar un libro Pax Technica: Cómo Internet de las Cosas nos hace libres o nos bloquea. Se trata de su tesis acerca de la red de expansión de los dispositivos conectados en todos los hogares, las calles y las comunidades del mundo. 

¿Qué es el Internet de las cosas?

Se trata de los objetos de todos los días que se han vuelto inteligentes a través de la conexión por medio de sensores a direcciones de Internet. ¿Qué objetos? Además de los que ya se conocen (smartphones y computadoras), se suman a la cartera: autos, cafeteras, heladeras, anteojos, microondas, juguetes, sensores, relojes, bicicletas, drones y un sin número de objetos de uso cotidiano que crean un nuevo mundo inteligente. Sí, todos objetos inteligentes con alcance global a través de su conexión a internet.  La red de objetos crece de manera exponencial y se comunican con el mundo y entre sí. Al decir de Howard “Pronto viviremos en una red omnipresente todavía invisible de objetos cotidianos que se comunican entre sí”. 

Los objetos comunicados, más allá de la significación coyuntural de practicidad, (como cuando la heladera enuncia, cual asistente, los insumos que se acabaron para crear una lista de compras) prevén asimismo un nuevo orden global, que cual iceberg emerge de la tecnología que habita el mundo. No obstante, cuando trasciende los límites del online y penetra en los objetos, permite empoderar a los ciudadanos de todas las urbes; impacta en la privacidad de las familias y también de los gobiernos que deben rigurosamente transparentarse.

La internet de las cosas permite brindar datos detallados y seguimiento riguroso de las personas. Bajo un formato de investigación online, silencioso, profundo, desnuda el comportamiento social individual con análisis de tendencia colectivo de gustos, lecturas, hábitos de compra, preferencias, salidas, comidas; y así podría ser infinita la lista tanto como humanos habitan el planeta tierra. De esto se trata la Internet de las cosas.

Coches sin conductor, celulares que auto-responden, relojes que se auto-programan, luces que se encienden antes de que se ingrese, son algunas de las expresiones a las que será necesario acostumbrarse. Se trata de objetos que, aparentemente de forma predeterminada, podrán auto-conectarse con el fabricante original, con los servicios de información que suscriben, con los organismos de seguridad nacionales, con contratistas, con servicios de cloud computing, y con cualquier otra persona que irrumpa o haya sido autorizada en el flujo de datos.

Más conexiones, más inteligencia, inspiran cosas, más cosas. Cosas conectadas a cosas. Estas nuevas redes de dispositivos serán las que probablemente logren resolver problemas de acción ciudadana que, como búmeran, se convierte ya en la más grande infraestructura para el gobierno de las masas, de la que ni Marx podría haber dado cuenta.

 

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